
Quién me iba a decir a mi hace 4 años que iba a terminar trabajando en uno de los mejores restaurantes del mundo… supongo que nadie, sobre todo si tenemos en cuenta el hecho de que en aquélla época mi carrera iba enfocada hacia, digamos, otros objetivos: yo no quería ser cocinero, quería ser ingeniero. Pero por suerte la ingeniería no era lo mío, y terminé trabajando en un restaurante de ayudante de cocina (es decir, de ‘chico para todo’) y descubrí la que hoy en día es mi mayor pasión: la cocina.
Llevaba tiempo con la idea de empezar a escribir un blog rondando por mi cabeza, pero por falta de tiempo, y sobre todo (no nos vamos a engañar…) por falta de ganas, por pereza, nunca me había decidido, pero éste viernes empieza una época totalmente nueva para mi, regreso a la primera ciudad de fuera de España que visité de pequeño, Londres, y son tantas las ganas que tengo de que todo salga bien, que supongo que son las que me han animado a montar esta locura. Mi idea es ir alternando historias y anécdotas de lo fácil y difícil que puede resultar el maravilloso mundo de la cocina profesional (sí, ya lo se, sólo llevo 4 años en esto, pero os lo creáis o no, en 4 años te puedes comer muchas: los que llevan más en ésto me entenderán) con mis vivencias del día a día en el segundo mejor restaurante del mundo, según la prestigiosa lista Pellegrino, The Fat Duck (siempre pensé que eso de ser el segundo mejor en algo no era nada atractivo… pero joder, teniendo en cuenta que sólo entre Japón, Francia y España hay más de 900 estrellas michelín, ser el segundo no me parece tan poco atractivo…)
No puedo prometer nada, pero espero que las cosas vayan saliendo como quiero y pueda ir llevando a cabo mis ‘locuras. Y ahora si que os dejo, porque como en una familia uno no puede ser cocinero, me toca preparar la cena de nochevieja, y tengo bastantes cosas por hacer.